viernes, 19 de diciembre de 2014

Outubrofest 2014. Crónica de Marilyn













Marilyn y Carlos son una de esas parejas veteranas que han dedicado mucho tiempo y mucho esfuerzo tanto al club como a la fiesta. Aunque su objetivo principal haya sido cumplir el deseo de jugar al rugby de su hijo, no hay palabras bastantes para agradecerles todo lo que han hecho a lo largo de estos años.

Marilyn, muchas gracias por dedicarnos tu tiempo y por compartir tus recuerdos con todos.

Os dejamos con la crónica de Marilyn y sus experiencias en la Outubro.
Hace unos siete u ocho años mi hijo Óscar decidió probar con esto del Rugby.

Yo no tenía mucha idea de en qué consistía este deporte, aún hoy en día sigo sin saber mucho de cuáles son las reglas de juego. Sin embargo, lo que sí he aprendido a lo largo de estos años es a valorar la deportividad que se respira, tanto en el terreno de juego como fuera de él, ahora entiendo por qué le llaman DEPORTE DE CABALLEROS.
 
Este respeto hacia compañeros, entrenadores, jugadores de otros equipos, padres, etc. siguió marcando las reglas no escritas para los miembros del PRC, incluso en la celebración de la October Fest, que como sabéis se lleva haciendo ya 5 años para recaudar fondos para el Club.
 
La primera edición de la October, tanto yo como muchos otros padres, jugadores y amigos nos presentamos como voluntarios para trabajar en la Carpa en la Plaza del Teucro. Desde ese año hasta hoy me vienen a la mente un montón de recuerdos y sensaciones…
 
Muchas horas de trabajo, muchas horas de diversión, fiesta y risas, todo ello aderezado con altas dosis de colaboración y compañerismo.
Ese olor a salchichas y codillo mezclado con cerveza que se quedaba impregnado en todo tu ser, ese dolor de pies, el frío que pasamos en algunos momentos, incluso algún año de días de intensas lluvias en las que el agua corria bajo nuestros pies, esa dieta a base de salchichas y chucrut durante cuatro jornadas seguidas. 
 
Recuerdo la primera salchicha de metro, la expectación que causó a todas aquellas personas que se acercaron a la carpa para degustar nuestros menús, las largas colas en la barra, la paciencia de los clientes ante nuestra inexperiencia, las fotos, la música y nuestros bailes, los aplausos, los mensajes por megafonía de Quincho, los gritos de nuestros cocineros (platos, platos, platos).

Me vienen a la mente imágenes de nuestros niños recogiendo jarras sin parar, de los jugadores un poco más grandes rompiéndose la espalda lavando platos, moviendo barriles, de las madres y padres que lavaban lechuga sin parar, de los que emplataban, de los que estaban pegados a un grifo de cerveza durante horas, de los que cocinaban, de los que servían cerveza a diestro y siniestro, de los que nos encargábamos de entregar los menús (cuántas veces quedábamos afónicos) de los que vendían los tickets de comida, de los que vigilaban que no se llevaran las jarras por el morro, de los que hacían guardia por las noches…
 
Pero sobre todo me acuerdo cuando acababa el turno, cuando nos sentábamos todos juntos a a comer, cuando comentábamos anécdotas y nos reíamos o cuando íbamos a tomar café al Cámara. Ya no había cansancio, no había sueño, no había hambre… porque todo lo hacíamos con ilusión para que nuestro PRC fuese conocido por todos y siguiese creciendo y creciendo.
 
Ahora que echo la vista atrás no puedo decir otra cosa que GRACIAS.

 Gracias a los chavales, que tantas cosas me habeis enseñado, gracias padres, madres, amigos del Club, gracias a todos aquellos conocidos y desconocidos que os acercasteis a participar de nuestra fiesta…

AHORA YA FORMÁIS PARTE DE MI VIDA.